
La fotografía documental, para mí, no consiste sólo en mostrar una realidad. Consiste en acercarnos a aquello que no vemos, a lo que queda fuera de la mirada inmediata, a eso que está ahí y que, sin embargo, muchas veces no sabemos nombrar. Desde ese lugar nace mi manera de mirar: como una búsqueda de lo real, pero también de lo profundamente humano.
El 19 de febrero de 2015 llegué, casi por azar, a una casa hogar en Oaxaca, México. Llevaba una cámara en la mano y una mochila de veinte kilos a la espalda. Sin saberlo, también llevaba la disposición de dejarme atravesar por una experiencia que terminaría cambiándome profundamente.
Desde el primer instante conecté con las niñas. Había en ellas curiosidad, vulnerabilidad, fuerza y alegría. Una forma de estar en el mundo que, aun en medio de circunstancias difíciles, conservaba una verdad intacta. Aquel encuentro fue el comienzo de un vínculo que me sigue acompañando.

De esa experiencia nace Me seco el pelo al viento, un proyecto que es también un homenaje a mi mentora, Mary Ellen Mark, y una invitación a acercarnos al universo de estas niñas desde otro lugar. A cuestionar lo que creemos saber. A mirar más de cerca.
Durante casi ocho años regresé, observé y escuché. Poco a poco fui construyendo una relación de confianza que me permitió acercarme a su mundo desde dentro. No quería fotografiar desde la distancia, sino desde la cercanía. No quería quedarme en sus circunstancias ni en aquello que les faltaba, sino descubrir todo aquello que eran.
Sus juegos, sus amistades, sus sueños, sus silencios. Su fragilidad y su fuerza. Sus pequeños gestos cotidianos y esa forma de autenticidad y espontaneidad que los adultos reconocemos en algún lugar profundo de la memoria, aunque muchas veces la hayamos perdido por el camino.
De ese tiempo compartido nace una narración íntima en la que imagen y palabra se entrelazan. El blanco y negro concentra la mirada en lo esencial: los rostros, los gestos, los vínculos, la atmósfera. No hay voluntad de provocar compasión ni de construir un relato desde la pérdida. Las niñas no están definidas por sus circunstancias, sino por la vida que construyen cada día.

Desde aquel primer encuentro sentí que, aunque aparentemente no tenían nada, en realidad me lo estaban dando todo.
Con los años, Me seco el pelo al viento ha trascendido también las fotografías. A través de la venta de libros y obra fotográfica, el proyecto ha contribuido a financiar mejoras en hogares de acogida, convirtiendo parte de aquello que recibí en una forma de devolver.
Porque la fotografía puede acercarnos a realidades que desconocemos y transformar nuestra manera de mirar. Y, algunas veces, puede también contribuir a cambiarlas.
Sientan su viento.

Me seco el pelo al viento está disponible en formato libro.
Exposiciones, festivales y muestras seleccionadas.
Año: 2015–2023
Lugar: Oaxaca, México
Formato: Fotografía