Todavia

PERMANECER MIENTRAS TODO CAMBIA

Envejecer es permanecer mientras todo cambia.

El cuerpo se vuelve más lento, más frágil. Los gestos que antes eran automáticos requieren tiempo, ayuda, paciencia. El mundo parece hacerse más pequeño y la vida adquiere otros ritmos.

Pero la vida sigue sucediendo.

EL DESEO DE SER VISTO

Todavía hay una mirada que observa. Unas manos que recuerdan. Alguien que se arregla el cabello, que hace ejercicio, que espera, que descansa, que busca compañía. Todavía hay humor, carácter, ternura. Todavía existe el deseo de ser visto.

La vejez nos enfrenta a la vulnerabilidad, pero también a algo profundamente humano: la necesidad del otro. De una mano que sostiene, de una mirada, de un cuidado, de una presencia.

Quizá por eso nos cueste tanto mirarla. Porque en esos cuerpos reconocemos algo que también será nuestro: el paso del tiempo y la certeza de que no podemos detenerlo.

TODAVÍA ESTAMOS AQUÍ

Estas fotografías no buscan ocultar esa fragilidad ni embellecerla. Buscan detenerse ante ella. Mirar a quienes, demasiado a menudo, dejamos de mirar.

Porque envejecer no significa dejar de ser.

El tiempo está ahí. También su límite.

Pero todavía estamos aquí.

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