AGUA
Antes que nosotros

El problema no es el agua.
El problema es que hemos dejado de verla.

Está frente a nosotros. Nos rodea. Está en nosotros. Y quizá, precisamente por estar siempre ahí, hemos dejado de percibirla.

Abrimos un grifo y aparece. Lo cerramos y desaparece. La bebemos, la utilizamos, la desechamos. Un gesto cotidiano ha convertido lo extraordinario en costumbre, y la costumbre, en olvido.

¿Recurso?

Antes que recurso, el agua es origen.

Habita nuestro cuerpo, sostiene cada forma de vida, transforma la tierra y dibuja el paisaje. Sin ella no habría plantas, animales ni seres humanos. No habría vida.

¿En qué momento olvidamos que también nosotros somos agua?

Dependemos absolutamente de ella y, sin embargo, vivimos como si nos perteneciera. La extraemos, la consumimos, la contaminamos. Alteramos sus ciclos y pedimos a la naturaleza que se adapte a nosotros, como si lo esencial pudiera ser infinito.

¿Cómo hemos podido dejar de ver aquello de lo que depende nuestra propia existencia?

Este proyecto nace de esa paradoja.

Las imágenes no pretenden explicar el agua. Pretenden detener nuestra mirada.

A veces el agua deja de parecer agua. Se vuelve reflejo, transparencia, movimiento, materia. Está ahí y, sin embargo, apenas la vemos.

Quizá necesitamos aprender a verla de nuevo.

No solo cuando falta.
No solo cuando desborda.
No solo cuando se convierte en problema.

Verla cuando simplemente está.

En su belleza. En su fragilidad. En su fuerza.

Porque hablar del agua es también hablar de nosotros y de la relación que hemos construido con la naturaleza.

Tal vez la verdadera escasez no sea únicamente de agua.

Tal vez sea también una escasez de conciencia.

El agua no nos necesita.
Nosotros a ella, sí.